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Listas Gafi, como puede lastrar las economías globales



Las listas del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) se han convertido en un instrumento clave para evaluar la solidez de los sistemas de prevención contra el lavado de activos y la financiación del terrorismo en el mundo. Estar en la lista negra o en la lista gris implica consecuencias económicas y reputacionales que pueden limitar el acceso de un país al sistema financiero internacional, encarecer sus transacciones, reducir la inversión extranjera y deteriorar la confianza de los mercados. La inclusión en estas listas funciona como una señal de alerta que puede lastrar el crecimiento económico y condicionar la competitividad de las naciones. Exploremos cómo las listas del GAFI impactan directamente en las economías globales y por qué el cumplimiento sostenido es la única vía para preservar credibilidad y estabilidad.


El GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) mantiene dos listados públicos para señalar países con deficiencias en la lucha contra el lavado de activos y la financiación del terrorismo. La llamada lista negra incluye jurisdicciones con graves deficiencias estratégicas que no han mostrado compromiso suficiente para corregirlas, lo que implica sanciones y contramedidas severas. Por su parte, la lista gris agrupa países con deficiencias, pero que han expresado voluntad política de superarlas mediante planes de acción supervisados por el organismo. Aunque menos drástica, la lista gris también genera un escrutinio internacional que afecta la economía y la reputación de los países incluidos.


El impacto económico de estar en estas listas es significativo. Los países enfrentan restricciones en el acceso al sistema financiero internacional, ya que bancos corresponsales y entidades globales limitan o encarecen las transacciones. Esto repercute en el comercio exterior, la inversión extranjera y la capacidad de financiar proyectos. Además, las empresas locales deben asumir mayores costos de cumplimiento para operar con contrapartes internacionales, lo que reduce su competitividad y encarece las operaciones. La inclusión en estas listas también afecta la confianza y la reputación del país. Los inversionistas y organismos multilaterales perciben un mayor riesgo, lo que puede traducirse en una disminución de la inversión extranjera directa, un deterioro en la calificación crediticia soberana y mayores costos de endeudamiento. Sectores estratégicos como el turismo, los servicios financieros y el comercio internacional sufren retrasos y restricciones, debilitando el crecimiento económico.


Ejemplos recientes ilustran estas consecuencias. Panamá, por ejemplo, fue incluido en la lista gris en 2019 por deficiencias en transparencia y supervisión, lo que afectó su centro financiero internacional y encareció las operaciones bancarias. Tras implementar reformas y fortalecer controles, logró salir en 2023, recuperando parte de la confianza internacional. En contraste, países como Irán y Corea del Norte permanecen en la lista negra, enfrentando sanciones financieras severas y aislamiento del sistema bancario global, con impactos directos en su PIB y estabilidad económica. Estos casos demuestran que el cumplimiento no es un logro puntual, sino un proceso continuo que garantiza credibilidad y estabilidad en el entorno económico.


Las listas del GAFI funcionan como un termómetro de confianza internacional, un recordatorio de que la estabilidad económica depende de la solidez de los sistemas de prevención contra el lavado de activos y la financiación del terrorismo. La experiencia de países que han entrado y salido de estos listados demuestra que el cumplimiento no puede entenderse como una acción coyuntural. Solo mediante políticas consistentes, controles efectivos y una cultura de transparencia es posible evitar el aislamiento financiero y asegurar que las economías se mantengan competitivas y confiables en el escenario global.

 
 
 

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